Diario de duelo, de Roland Barthes
- hace 4 días
- 1 min de lectura

Durante un año y once meses, Roland Barthes escribió cada día después de la muerte de su madre. A pulso, a veces en tinta, a veces con lápiz. Frases breves. En papeles que él mismo cortaba en cuatro.
Hay algo que conmueve en esa forma. No intenta ordenar el duelo para que se vea “bien”. Lo deja aparecer en bruto. Errático. Fragmentado. Sin esa idea aprendida de que el duelo “se avanza” por etapas, como si hubiera que ir cumpliendo estaciones.
También conmueve ver a Barthes, filósofo, semiólogo y teórico francés del siglo XX, dejando de lado el oficio para mostrarse hijo. Sosteniéndose apenas con palabras. Como si escribir pudiera ser, a veces, una manera mínima de no caer del todo.
El duelo también tiene cuerpo. Se nota en el sueño, en el apetito, en los gestos, en el modo en que una persona vuelve o no vuelve a ciertos lugares. A veces no aparece como una historia ordenada, sino como restos. Pedazos. Frases sueltas.
En consulta, muchas veces el dolor aparece de una forma parecida a estas notas. No porque sea “literario”, sino porque llega así, por trozos. Una frase hoy. Nada mañana. Un detalle que insiste. Algo que no se puede explicar del todo, pero tampoco se puede callar.
Hay días en que una palabra no alivia, pero acompaña. Hay otros en que una palabra, sin querer, deja a alguien más solo.
Diario de duelo no enseña a superar nada.
Recuerda algo más simple.
Narrar no es resolver.
Narrar no resuelve.
Narrar abre espacio.
Narrar no pide más que ser.


Comentarios